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A.A.: "Congreso de los Diputados"
“El PSOE comprende y respeta los puntos de vista tanto de quienes se muestran contrarios a la celebración de corridas de toros, como de los que proponen una mayor protección de esta actividad por parte de las Administraciones Públicas. No obstante, no se plantea introducir en su programa electoral para las Elecciones Generales de 2008 ningún compromiso que vaya en la línea de modificar la actual regulación de este espectáculo.”
Esta respuesta la dió el PSOE a una propuesta en su web a la abolición de las corridas de toros. Y como me parece indignante, quiero colaborar a seguir promoviendo, divulgando, apoyando y reclamando justicia, humanidad, ética, moral y respeto al pueblo que clama por toda la red la abolición YA!! de las corridas de toros, y por supuesto por el derecho a la vida y a la libertad del noble animal que no tiene voz para pedir clemencia. Por todo ello, expongo aquí las razones por las que la tauromaquia debería ser prohibida, y que debido a que los políticos hacen oídos sordos al tema, propongo que sea convocado un REFERENDUM NACIONAL para elegir democráticamente sí o no a la tauromaquia. El texto que a continuación van a leer, está extraído de una web antitaurina donde podéis informaros de toda la realidad de la tauromaquia. La dirección es: http://tauromaquia.es
Todavía hay quien piensa que el enfrentamiento entre un torero y un toro en una plaza de toros durante una corrida es del todo leal y equiparada. Que el torero está en todo momento arriesgando su vida frente a un animal que tiene 50 veces más fuerza que él…
No nos engañemos, la condición natural del toro, como animal herbívoro es la de huir, no atacar. Ataca cuando se le enfurece, o como reacción a una serie de torturas. Para que nos hagamos una idea, vamos a detallar qué clase de torturas se le propinan a un toro bravo, a fin de enfurecerlo a la vez que debilitarlo. Desde que los toros son secuestrados del rebaño, empieza el calvario de unos animales capaces de experimentar angustia y desamparo infinitos. Presos en un asfixiante cajón, con la cabeza ladeada, se les transporta lejos, muy lejos de sus pastos y encinares, donde suelen perder entre 40 y 50 kilos a causa del estrés al ser confinados en la cárcel del chiquero.
Antes de su linchamiento, padecerán continuos tormentos al objeto de debilitar sus fuerzas: 24 horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que, al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el público de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir, no atacar. También se le han recortado en vivo los cuernos (afeitado) para proteger al torero. Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas. Le golpearon con sacos de arena en los testículos y los riñones, le indujeron diarrea y le abrasaron los intestinos al poner sulfatos y laxantes en el agua que bebió y en la comida, todo ésto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. Se le ha untado grasa y vaselina en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación. En algunos casos, incluso se les han rasgado los músculos del cuello para evitar movimientos bruscos con la cabeza, a fin de reducir el riesgo de posibles cornadas.
Y no sólo con ésto, se le han inyectado fármacos hipnóticos, e introducido bolas de algodón en lo profundo de sus fosas nasales para dificultar la respiración. Sólo por ésto, ya debería ser ilegal, al atentar contra la salud de un animal. Y no sólo el toro es maltratado: respecto los caballos de los picadores, se eligen a caballos que ya no tienen valor comercial, así que el animal muere en 3 o 4 corridas a lo mucho. Es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se les droga y se les llena las orejas con papel de periódico mojado para que salgan a la plaza, ya que el terror les haría salir corriendo.
Desde 1925 se les coloca un peto simulando que se les protege, pero en realidad se trata de que el público no vea las heridas del caballo que con frecuencia presentan exposición de vísceras (alguna vez le han llegado a introducir de nuevo los intestinos y a coserles la tripa para que aguanten otra corrida). Además, para que no relinchen de espanto y de dolor (y no molesten al “respetable” público), han amputado sus cuerdas vocales, y si atenazados por el pánico se niegan a volver al redondel, les quemarán los testículos con descargas eléctricas o periódicos encendidos, e incluso les quitarán los ojos.
TAUROMAQUIA: LA TORTURA A OJOS VISTA
Al instante en el que el toro es “llamado” a la plaza, el toro se encuentra frente una puerta que da directamente a ella. Desde allí se le clava la “divisa” para que salga disparado por el dolor.
Una vez allí, los toreros le harán el “test”, para ver el grado de debilidad en el que se encuentra, después de estar sometidos a tales torturas previas.
Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador montado a caballo hacer su trabajo consistente en desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza de 40 cms. que le destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serrados y transversos de cuello). Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.
Esto es para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo. A partir de entonces, un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos “para mayor goce de la afición.”
1 - Las banderillas aseguran que la hemorragia siga; se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado por el picador. El gancho de metal de las banderillas se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, lo que causa a la res un terrible martirio. El peso de las banderillas, además, le rebana carne y tejidos algunas banderillas tienen un arpón de 8 cms, y se les llama “de castigo”, a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador. Las banderillas prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y piel del toro. La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse. Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente “artístico”, echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público.
2- Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido.
Éste atraviesa el toro con una espada de 80 cms de longitud, que puede destrozarle el hígado, los pulmones y la pleura, según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal; de hecho, cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre.
El toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer, y suele encaminarse penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor, una salida que le devuelva al campo. El animal muge lastimosamente, pero entonces lo apuñalan en la nuca con el descabello, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cms. A pesar de estos terribles tormentos, el animal no suele morir de inmediato por su gran fuerza, pero finalmente cae al suelo, porque la espada ha ido destrozando sus órganos internos.
3- Lo “rematan” con la puntilla (puñal) de 10 cms. con lo que intentan seccionarle la médula espinal, a la altura de las vértebras “atlas” y “axis”. El toro queda así paralizado, sín poder siquiera realizar movimientos con los músculos respiratorios, por lo que muere por asfixia, muchas veces ahogado en su propia sangre, que le sale a borbotones por la boca y la nariz.
Después de que le destrocen las vértebras, el toro pierde el control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo; sín embargo, hacia arriba se mantiene intacto, por lo que está consciente de cuando se le cortan el rabo, las orejas y los testículos, así como de cuando es arrastrado fuera del ruedo. Estos serán, pues, sus últimos segundos de vida. Sus últimos y tan deseados segundos que pondrán fin a tanto sufrimiento y dolor.
Después de su asesinato, el animal pasa directamente a una sala de desoye, dónde es descuartizado a fin de, al día siguiente, vender sus carnes a precio de oro, argumentando que proceden de la res que toreó algún matatoros famoso.
TAUROMAQUIA: LA POLÍTICA
El estado Español subvenciona con grandes cantidades de dinero público las corridas de toros. Cada año se gastan millones de euros en mantener plazas de toros, ayudar a las ganaderías de lidia, cubrir déficits por falta de público, y crear infames escuelas de Tauromaquia donde niños de diez años se ejercitan en acribillar terneritas recién destetadas.
Hay toreros que han llegado a cobrar 45 millones de ptas. por corrida, el día de más festejo. Por temporada, las “figuras” más famosas llegan a cobrar 7 millones de euros!! (más de 1000 millones de pesetas!)
La tauromafia, pués, se sostiene gracias a las subvenciones multimillonarias que, fraudulentamente, se desvían del dinero público: En 2001, por ejemplo, fue aprobada una subvención de 15 millones de euros (2.500 millones de ptas.) a los empresarios taurinos. Televisión española pagó por retransmitir 30 corridas unos 6 millones de euros (1.000 millones de ptas.). En la mayoría de plazas Españolas se sufren déficits que se cubren con los IMPUESTOS DE TODOS.
Más del 80 de los españoles quiere que se prohíban las corridas de toros.
¿Por qué no se toman en serio lo que el pueblo les pide?
¿Tal vez porque muchos pasarían a la historia como culpables de un horrible genocidio?
¿O porque muchos no van a permitir dejar de lucrarse a costa del sufrimiento del animal y de los impuestos de los españoles?
Ya está bién de tomarnos por idiotas. El pueblo, señores políticos, no es tonto, el pueblo, señores políticos es más sabio de lo que ustedes creen. Y tarde o temprano esta masacre que nos distancia mucho de la Europa que ustedes tanto quieren imitar, esta vergonzosa y cruel fiesta nacional, tarde o temprano tiene que acabar. Porque somos mayoría la que no la queremos, porque solo unas mentes enfermas pueden disfrutar mientras contemplan esa horrenda celebración pública y legal, porque no se puede hablar de España como un país civilizado, ní se puede tratar de ética y moral con ninguno de sus políticos mientras esa fiesta ancestral no se prohíba. Porque RE-PE-TI-MOS: la tortura ní es arte ní es cultura.
Los españoles agradeceríamos a todos esos políticos que valientemente se proclamaran antitaurinos, sería una buena opción de adquirir votos para su próxima legislatura. Y sería un buen paso para conseguir la tan deseada por más del 85 de la población española de LA ABOLICIÓN DE LA TAUROMAQUIA.
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